AJOS ALIÑADOS

INGREDIENTES:  150 dientes de ajo, 60 cl. aceite de oliva virgen extra, tomillo, 5 hojas de laurel.

Todos sabemos de las propiedades terapéuticas del ajo, especialmente sus propiedades antibióticas, antioxidantes y reguladores del colesterol. Pero lo que no sabe todo el mundo es que estos efectos sobre nuestro cuerpo se dan sobre todo cuando los consumimos en crudo, lo que supone un problema de orden social por la halitosis que provoca.

Esta receta, debido a su ligero horneado, reduce -aunque mínimamente- su propiedades respecto a su consumo al natural, pero se aproxima bastante. Por ello, tomarlo en ensaladas o en pan con tomate es ideal. No obstante, prescindiendo de sus beneficios, es verdaderamente agradable – y diferente- cocinar con ellos.  Vamos allá:

1) Precalentaremos el horno a temperatura máxima. Sobre la bandeja del horno extenderemos una lámina de papel de aluminio que supere la superficie de aquella.

2) Echaremos los ajos en un bol,  los rociaremos con aceite de oliva virgen extra y los removeremos (a poder ser, con la mano) de forma que todos ellos se impregnen por igual.

3) Colocaremos los ajos sobre la bandeja del horno aprovechando toda su superficie y evitando que se monten unos en otros.

4) Cubriremos con otro papel de aluminio de igual tamaño que el bajero y cerraremos uno con otro del modo más hermético posible. Es muy importante que creemos en el interior una cámara de aire cerrada.

5) Meteremos la bandeja en el horno y bajaremos su temperatura ligeramente. Deberá permanecer unos veinticinco o treinta minutos aproximadamente. Precaución al quitar el papel de aluminio pues saldrá vapor muy caliente. Deberán estar tan tiernos que se atraviesen con un alfiler sin notar obstáculo y sin que puedan ser levantados al pincharlos.  Dejarlos templar.

6) En un frasco de vidrio con cierre hermético de goma y alambre, echaremos 300 centímetros cúbicos de aceite de oliva virgen extra; las hojas de laurel y el tomillo. Removeremos suavemente para que no entre oxígeno (burbujas) y agregaremos los ajos. Ahora rellenaremos de aceite hasta que los cubramos.

7) Cerrar el envase, darle dos o tres vueltas boca abajo muy lentamente para que se mezclen los ingredientes y dejarlo macerar en un lugar oscuro y fresco durante unas cinco semanas.

Dado que el ajo es un condimento en sí mismo, no es utilizable como plato principal sino como guarnición de carnes y pescados. No obstante, puede servir (incluyendo su aceite) como ingrediente en ensaladas, para untar sobre el pan con tomate o simplemente como aperitivo si lo consumimos en cantidades razonables.

Se conserva durante meses.

SOPAS DE AJO

INGREDIENTES: Para 5/6 personas: 400 grs. pan del dia anterior, 15/20 dientes de ajo, 2 hojas de laurel, Pimentón dulce y/o picante,  caldo de pollo, aceite de oliva, bacon o jamón serrano, 1 huevo por persona.

PRIMERO.- En una sartén grande y honda se fríen muy despacio los ajos sin pelar, cortados por la mitad, en abundante aceite de oliva. Deben hacerse por dentro y dejar su sabor, pero sin quemarse ni el propio ajo ni el aceite. Una vez fritos, retiraremos los pellejos. Variación práctica: Para ahorrarse el tener que retirar estas pieles, puedes echar los ajos ya pelados, pero tendrás que hacerlos a fuego mínimo, incluso retirándolos del calor de vez en cuando. Tienen que quedar tiernos por dentro sin quemarse por fuera.

En las cantidades de ingredientes pongo 15 a 20 dientes, aunque a mí me encanta echar mucho más porque dan un sabor espectacular al aceite y al pan, aunque luego deseches algunos…. o no, porque yo los pongo todos. Añadimos el bacon en trocitos pequeños y removemos con suavidad. Pero si es jamón (en taquitos) lo que vamos a poner, lo echaremos al apagar el fuego.

SEGUNDO.- Cortaremos el pan en rebanadas extremadamente finas. Utilizaremos para ello pan del día anterior o a medio descongelar, pues nos facilitará el corte.

TERCERO.- Una vez que los ajos están blandos y dorados, retiraremos la sartén del fuego momentáneamente para quitarle al aceite un exceso de temperatura y añadiremos una cucharada sopera de pimentón removiendo continuamente. De este modo evitaremos que se queme y nos arruine el guiso. Según los gustos, puede añadirse una cucharadita de pimentón picante o incluso algo más, reduciendo la cantidad del dulce. Por otra parte, el dulce ahumado es una opción estupenda. Si los ajos están ya tiernos, puedes sacarlos momentáneamente antes de agregar el pimentón para que no se doren, y devolverlos después.

CUARTO.- Ahora es momento de añadir las rebanadas de pan. Las iremos poniendo sobre el aceite de forma que todas ellas vayan empapándose de él y tomando el color rojizo que el pimentón  ha dado a la salsa. Removeremos con cuidado para que no se rompan demasiado y procuraremos que se impregnen todas ellas. No obstante, si se quedan parcialmente blancas, no pasa nada porque al añadir el caldo tomarán un tono adecuado. Una vez hecho, devolvemos a la cazuela los ajos y el bacon si es que llegamos a sacarlo provisionalmente.

QUINTO.- Ponemos de nuevo la sartén al fuego, ahora más intenso, y agregaremos el caldo de pollo que cubra todo. Probaremos y salaremos al gusto sin olvidar que el jamón, si fuera el caso, intensificará el sabor considerablemente. Habrá de cocer bastante añadiendo agua o caldo si fuera preciso. No establecemos un tiempo concreto de cocción pues dependerá del gusto de cada uno pero teniendo en cuenta que cuanto más tiempo permanezca, mayor suavidad tomarán las sopas de pan.

SEXTO.- Añadir un huevo crudo para que escalfe en cada plato (preferiblemente de barro) en el mismo momento de servir. Recomiendo vivamente esta sopa para esos días en los que uno no entra en calor por mucho que se abrigue. Su efecto es portentoso. H1212/R1601/R2412