INGREDIENTES: Para 6 personas: 30 espárragos verdes, agua, sal y salsa mayonesa.
PREVIO.- El cultivo de los espárragos verdes en túneles de plástico, particularmente en Andalucía permite encontrar ejemplares como los que hoy tenemos aquí. Aunque he puesto una moneda de euro en la fotografía siguiente, no sé si se aprecia el tamaño en sus justos términos. Son verdaderamente asombrosos y -afortunadamente- cada vez más fáciles de encontrar. Estos en concreto proceden de un cultivo familiar situado en la alcarreña Villa de Pareja. Esta receta sólo consiste en cocer los espárragos así que me limitaré a decirte cómo puedes hacerlo sin destrozarlos.
PRIMERO.- Lava bien los espárragos para quitarles la tierra que puedan tener y corta la parte blanca, que desecharemos. Los gruesos como estos son muy fibrosos, por lo que -aun habiendo eliminado la parte blanca- todavía estarán muy duros en su parte inferior. Pero no por eso vamos a desecharlo porque puedes cortarlos todos ellos a una longitud similar y los restos (verdes) podemos pelarlos con un cuchillo, tal y como hacemos con los espárragos blancos, y cocerlos igualmente. Estarán estupendos, aunque algo menos vistosos.
SEGUNDO.- La cocción a olla abierta es más segura en cuanto a que podrás comprobar su punto y retirarlos cuando más te guste, pero es lento…. La olla express es una gran solución siempre que no te pases de tiempo. Ponlos en la olla y echa agua hasta casi cubrirlos. Algo menos. Agrega sal y cierra la olla.
TERCERO.- La eterna historia de los tiempos en las ollas… Veamos; si es express clásica con su pesa sobre la válvula, tipo Magefesa, unos 6 minutos desde que empiece a soplar vapor. Si es olla rápida con dos posiciones, hemos de ponerla unos 3 minutos en la posición más baja. En todos los casos a fuego mínimo desde que empieza a soltar vapor. Si tus espárragos no son así de gruesos, hazlo a olla abierta porque puedes dejarlos reducidos a la nada.
CUARTO.- Abre la olla express con todas las precauciones, pero lo antes posible para que dejen de hacerse. A mí me gustan algo más duritos, pero aquí mandan mis comensales y los hago muy tiernos. Y si los pones en agua con hielo rápidamente durante un par de minutos, además de cortar la cocción, tomarán un tono de verde intenso y un brillo espectacular.
QUINTO.- Ponlos a escurrir durante un buen rato sobre un escurridor para que suelten toda el agua y cuando estén secos, sírvelos acompañados de una mahonesa de aceite de oliva de sabor intenso. H1604/R2306
INGREDIENTES: Para 2/3 personas: 750 gr lomo de atún rojo, 2 cebollas, 6 dientes de ajo, 3 pimientos choriceros, 5 tomates maduros, 1 pimiento rojo, orégano, perejil fresco, pimienta negra molida, azúcar, sal, laurel, comino molido, vino fino.
PREVIO.- Las propiedades del atún rojo fresco lo convierten en el pescado azul por excelencia, rico en ácidos grasos Omega 3, vitaminas B y E y un gran aliado en la reducción de colesterol (LDL) y triglicéridos en sangre.
Por otra parte, y en cuanto a cocina se refiere, es un producto que puedes llevar a la mesa de mil maneras distintas, a cuál más sencilla y espectacular. Y sólo hay una norma inquebrantable: no lo seques; déjalo crudo en su interior porque si lo haces demasiado pasará a ser una carne seca, insulsa y pajiza que te costará tragar.
PRIMERO.- Un par de horas antes de empezar, pon en agua caliente los pimientos choriceros para que se rehidraten.
SEGUNDO.- Corta el atún en tres filetes gruesos de unos 250 gr, salpimenta y mantenlos en la nevera. Este plato es sencillísimo porque sólo consiste en hacer una salsa de tomate casera más o menos completa. Y para ello, pica las cebollas, los ajos y el perejil fresco, y ponlo todo a pochar con dos hojas de laurel en una cazuela honda a fuego medio al principio, para mantenerlo al mínimo pasados unos 5 minutos. Salpimenta ligeramente y remueve de vez en cuando para que no se tueste la cebolla.
TERCERO.- Mientras tanto, abre los pimientos choriceros con una puntilla afilada, elimina todas las semillas y el pedúnculo (el tallo que le unía a la mata). Córtalos en tiras y échalos a la cazuela a rehogar también. Remover.
CUARTO.- Lava bien los tomates y el pimiento rojo, córtalos en trozos pequeños y resérvalos para echarlos a la cazuela en cuanto la cebolla esté transparente y a medio hacer. Sube el fuego y ponle sal, orégano, media cucharadita de comino molido, pimienta negra molida y un par de cucharadas (de postre) de azúcar que neutralizará un poco la acidez que aporta el tomate.
QUINTO.- Una vez recupere el hervor, baja el fuego y remueve de vez en cuando. Tendrá que estar unos veinte minutos aproximadamente hasta que todo quede bien pochado, de forma que cada ingrediente haya aportado su aroma y su sabor, mezclándose todos ellos.
SEXTO.- En cuanto veamos que los líquidos del principio han reducido considerablemente, echaremos medio vasito de fino y removeremos bien, dejándolo rehogar todo unos cinco minutos más mientras evapora el alcohol. Apaga el fuego.
SÉPTIMO.- Busca las dos hojas de laurel y retíralas momentáneamente. Coloca ahora el pasapurés sobre un bowl y ve pasando todo el contenido de la cazuela. Es una labor que requiere cierta paciencia pero el resultado vale la pena porque queda una salsa de tomate gruesa y bien trabada. ¿Más fácil con la batidora?. En efecto, pero pasará de su color rojizo natural a otro muy anaranjado, y además perderemos esa textura gordita que antes decía y que es tan importante cuando uno se arma de pan y pasa al ataque…
OCTAVO.- Si te ha salido más salsa de la cuenta, es el momento de apartar una cantidad determinada y guardarla o congelarla. Digo que es el momento porque aún no se ha mezclado con el pescado y es, por tanto, una salsa de tomate aún “virgen” para darle el uso que prefieras. El resto devuélvela a la cazuela con su laurel y vuelve a encender el fuego hasta que hierva de nuevo, pero removiendo para que no se pegue al fondo.
NOVENO.- Ya sólo nos resta echar el atún a la salsa, pero procura hacerlo a última hora, de manera que pueda llevarse a la mesa de inmediato. Si es así, échalo en la cazuela con muchísimo cuidado para que no se rompa. Un solo minuto y apagamos el fuego, dejando que se haga un poco más con el calor residual. Toma la cazuela por sus asas y muévela circularmente para no tener que remover con el cucharón o el palo de madera y no dañar así el pescado.
Podremos servirlo pasados unos tres o cuatro minutos más, siendo muy conscientes de que desde este momento, el atún empieza a secarse y a perder jugo y textura. No obstante, hay a quien le gusta más hecho…qué le vamos a hacer! H1604/R2508
INGREDIENTES: 175 grs almendras molidas, 175 grs azúcar blanquilla, 4 huevos, 12 grs levadura de panadería prensada fresca (opcional), ralladura de un limón, media cucharadita de canela, media cucharadita harina de arroz (para el molde), una cucharadita de mantequilla (para el molde), azúcar glass para decorar.
PRIMERO.- Saca los huevos de la nevera un rato antes para que se pongan a temperatura ambiente. Separa las claras de las yemas con ayuda de un utensilio diseñado para ello tal y como ves en la foto o como se ha hecho toda la vida, es decir cascando el huevo por la mitad sobre un recipiente y volcando la yema de una mitad a otra sin que ésta se rompa mientras la clara cae totalmente al recipiente en tres o cuatro vuelcos.
SEGUNDO.- Reserva las yemas y echa las claras en un vaso batidor o robot de cocina y bate con las varillas para levantarlas un poco. No se trata de montarlas, pero sí de que tomen algo más de cuerpo.
TERCERO.- En cuanto percibas que la textura de las claras batidas empieza a engordar, añade muy poco a poco el azúcar y la ralladura de la piel de un limón (sin llegar a la parte blanca). Repito que no se trata de montarlas, sino de hacerlas un poquito más densas.
CUARTO.- Echa la levadura deshaciéndola previamente con los dedos y agrega ahora de a pocos la almendra molida, las yemas y la canela. Dos comentarios sobre este punto: el primero; que la levadura es prescindible. Es poca cantidad y la pongo porque hace algo más esponjosa la tarta, pero la mayoría de las recetar gallegas no la usan. Y el segundo; que no abuses de la canela porque es muy intensa y aromática, imponiéndose sobre los sabores principales de la almendra y el huevo. Bátelo todo hasta que tengas una masa homogénea.
QUINTO.- Échalo sobre un molde redondo y bajo, previamente engrasado con mantequilla y un poco de harina de arroz espolvoreada por encima. Mételo en el horno precalentado a 180ºC, calor arriba y abajo, sin ventilación. Yo calculo que en unos 25 minutos está cuajada la tarta y habrá tomado un tono tostado por el exterior. De todos modos, no te separes mucho tiempo y vigila el aspecto porque no hay dos hornos iguales. En cuanto a la prueba para ver si está ya hecho…. la de siempre: introduce una varilla, aguja o palillo de brocheta por el centro de la tarta y hasta el fondo de forma que, si sale limpia, está ya hecha. Si por el contrario se impregna de la masa, aún le queda. Estate pendiente y no la seques. Sácala del horno y déjala enfriar antes de desmoldar para evitar que se rompa.
SEXTO.- Mientras tanto, busca en Internet una cruz de Santiago como la de la foto, imprímela y recorta. Podría poner un link a una plantilla, pero dependería de la supervivencia de esa página que es ajena a cocina a mi bola.
SÉPTIMO.- Coloca la cruz bien centrada sobre la tarta, echa una cucharada de azúcar glass en un colador fino y espolvorea por encima a base de darle pequeños golpes laterales al colador. Una vez cubierta de azúcar glass toda la superficie de la tarta, levanta la plantilla de la cruz con cuidado y ¡listo!.
OCTAVO.- El azúcar glass lo hago con el robot porque es bastante potente. Si no, tendrás que comprarlo. Hacen falta sólo unos pocos gramos. Y por último: creo que es mejor tomar la tarta a temperatura ambiente que caliente, así que déjala enfriar del todo. Del tiempo de horno dependerá que sea esponjosa o que resulte un mazacote difícil de tragar. Un poquito de levadura fresca -que no contiene gluten- la hará más liviana. H1604/2309
RECETA EN REVISIÓN INGREDIENTES: pimientos del piquillo asados enteros (2 latas de 150 gr escurrido y 180 peso neto), 250 gr bacalao desmigado o en tacos, 2 cebollas, 4 dientes de ajo, 250 cc de salsa bechamel, laurel, pimienta negra molida, sal, aceite de oliva virgen extra. Para la salsa: 4 pimientos del piquillo, 1 cebolla, 4 dientes de ajo.
PREVIO.- El pimiento del piquillo en España procede de la Comunidad Navarra y posee denominación de origen propia. Es muy difícil encontrarlos frescos ya que prácticamente el 90% de su producción se vende asada y envasada (lata o frasco). Yo te recomiendo que no ahorres en este producto y elijas unos de buena marca ya que las más baratas suelen traer unos pimientos bastante más finos y muchos de ellos rajados o a punto de romperse. Si no lo haces, te acordarás de mí a la hora de rellenarlos.
PRIMERO.- Pica los ajos y ponlos a pochar a muy baja temperatura en una sartén con aceite de oliva virgen extra y un par de hojas de laurel. De este modo, el aceite no se recalentará y se aromatizará con ambos ingredientes. Al cabo de unos cinco minutos, cuando veamos que los ajos están a medio hacer, echaremos las dos cebollas picadas y subiremos el fuego hasta que tome temperatura, para volverlo a bajar hasta que se poche entera. Ponle pimienta negra molida pero no le pongas sal porque el bacalao ya aportará la suya.
SEGUNDO.- Hoy día en los mercados tenemos bacalao congelado «en su punto de sal», por lo que no hay que desalarlo. Aún así, tiende a estar más salado que soso. Y para este plato podemos comprar el que viene en migas o en tacos para luego trocearlo más o desmigarlo. Lava el bacalao un poco bajo el grifo para eliminar cualquier impureza, quítale la piel y desmígalo si es necesario. Pon especial cuidado en asegurarte de que no se te cuela ninguna espina y para eso no hay más modo que repasarlo con los dedos.
TERCERO.- Una vez pochada la cebolla, incluso un poquito tostada, agrégale el bacalao bien escurrido y rehógalo todo junto durante un minuto más o menos. Verás que el bacalao se vuelve blanco intenso enseguida, lo que significa que está hecho. No lo seques innecesariamente. Retíralo del fuego y reserva.
CUARTO.- Al mismo tiempo y en una sartén aparte más pequeña, podemos ir pochando también la cebolla y los ajitos picados que serán la salsa. Salpimenta ligeramente. Cuando esté la cebolla a medio hacer, agrega cuatro o cinco pimientos del piquillo cortados en tiras. Venden pimientos del piquillo asados, ya cortados en tiras y mucho más baratos. Lo digo por si necesitaras utilizar las dos latas de pimientos enteros para rellenarlos. Cuando veas que la cebolla está tierna (no hace falta que esté hecha del todo), vuelca todo el contenido de la sartén en un recipiente para batirlo bien y luego pasarlo por el chino para que nos quede una salsa cremosa y muy fina de color anaranjado.
QUINTO.- Para terminar el relleno ya sólo falta agregar la bechamel al bacalao y mezclar todo bien, rehogándolo a fuego lento un par de minutos. Puedes consultar cómo se hace una salsa bechamel haciendo click aquí.
SEXTO.- Con una cucharita y mucho mimo iremos rellenando los pimientos una a uno, los presentaremos en una fuente y los acompañaremos con la salsa.
SÉPTIMO.- Dales un toque de horno suave para que tomen temperatura, pero sin achicharrarlos, porque ya están hechos. H1604
INGREDIENTES: 6 filetes de jamón de cerdo, 2 limones, 1 huevo, harina de arroz, harina de garbanzo, pan rallado sin gluten, pimienta negra molida, sal y aceite de oliva.
PRIMERO.- Extiende los filetes de jamón sobre la encimera y recorta los bordes que tengan la telilla exterior así como la grasa que nos sea posible sin romperlos. Cúbrelos con film de cocina y golpéalos suavemente con una maza de cocina para que se ablanden y se hagan más maleables.
SEGUNDO.- Salpiméntalos y exprime medio limón sobre una fuente pequeña en la que quepan los filetes puestos uno sobre otro. Exprime más zumo de limón sobre el filete y coloca otro sobre éste. Repetimos el proceso con todos ellos, los cubrimos con film y los dejamos macerar en el frigorífico un par de horas.
TERCERO.- Ya macerados en el limón, sacamos los filetes de la nevera y los escurrimos bien el zumo.
CUARTO.- Ahora, mezclamos bien ambas harinas en un plato, vamos tomando uno a uno los filetes y los rebozamos, presionando bien para que la harina se adhiera a la carne, y sacudiéndolos después para que caiga la sobrante.
QUINTO.- Batir el huevo en un recipiente y preparar al lado otro con pan rallado sin gluten. Pasaremos cada filete ya enharinado por el huevo y tras escurrir el exceso, lo rebozamos bien en el pan rallado.
SEXTO.- Coloca el filete ya empanado sobre la encimera y presiónalo con la palma de la mano para que las tres capas dadas: de harina, huevo y pan se compacten y no se desprendan de la carne.
SÉPTIMO.- En una sartén pon aceite de oliva suficiente para que cubra el grosor del filete, es decir, un dedo como máximo, y cuando esté caliente echa aquél y que se fría hasta que tome un tono dorado suave. Dale la vuelta y repite el proceso pero no dejes que se haga demasiado porque resultará muy seco. Por otra parte, no eches más de uno a la vez, a no ser que uses una sartén grande donde te quepan dos. La idea es que se frían uniformemente y que no baje la temperatura del aceite al echarlos.
OCTAVO.- Sácalos sobre una fuente con papel absorbente de cocina para que escurra el exceso de aceite y déjalos reposar 5 minutos.
Puedes servirlos acompañados de una ensalada verde, o bien tomarlos fríos, ya que los filetes empanados, junto a la tortilla de patatas, han sido, son y serán la comida tradicional española cuando se sale al campo o se va de excursión.
Como puedes ver, hemos utilizado harinas y pan rallado que no contienen gluten, de forma que son perfectamente aptos para celiacos, pero si no prevés tener comensales con intolerancia a esta proteina, puedes usar la harina común de trigo y pan rallado normal. H1604/R2510
INGREDIENTES: 4 kg callos frescos de ternera o 3 kg de callos de ternera precocidos, 2 manos de cerdo (o media de ternera), 2 morcilla asturiana, 3 ó 4 chorizos asturianos, 3 ó 4 cebollas, 1 cabeza de ajo, 1-3 cayenas (según el gusto), perejil picado, laurel, clavo, pimienta negra, pimentón dulce, aceite de oliva, pan, harina, vino blanco, 150 grs jamón serrano picado o en taquitos.
PREVIO.- El callo es uno de esos productos que no admiten medias tintas. O te vuelven loco, o no puedes ni verlo; y esto ocurre -poco más o menos- con casi todos los productos de casquería. Yo tuve la suerte de probarlos en mi casa antes de conocer su origen y esta receta tiene mucho de aquella que mi madre guisaba, por lo que es de justicia reconocerlo. Pero cuando reparé en el hecho de que los callos no son más que un estómago troceado, opté directamente por los de ternera y si acaso los de cordero, frente a los de cerdo. ¿Por qué?. Fácil; porque vaca y cordero son animales herbívoros y por sus tripas sólo ha pasado hierba. En cambio el cerdo es omnívoro… y ahí lo dejo.
Si quieres saber más sobre el origen, tratamiento y preparación de los callos para guisarlos, sigue leyendo. Pero si no te hace falta profundizar, salta AHORA al punto primero, porque no te va a gustar lo que viene a continuación. LIMPIEZA Y COCCIÓN.- Un estómago entero de ternera pesa unos 4,5 kg y hoy día los podemos encontrar en industrias cárnicas (generalmente por encargo) y te los dan ya limpios; blanquitos y muy bien lavados, pero dada la pieza en cuestión, yo los corto en trozos grandes y los lavo un poco más en agua y frotándolos enérgicamente con sal gruesa. Ahora hay que escaldarlos: échalos en agua hirviendo con un buen vaso de vinagre durante no más de cuatro o cinco minutos para sacarlos rápidamente y enfriarlos bajo el grifo. El problema de los callos es que al cocerlos desprenden un olor absolutamente disuasorio. Es un hedor muy penetrante a “animal” que en los pueblos de Madrid y castellanos llaman “bravío”. Por lo que he podido comprobar, la mayor parte de este olor no lo desprende el callo en sí, sino la grasa adiposa que tiene por detrás y que hay que eliminar lo más posible con una puntilla afilada y mucho esmero, antes de trocear del todo la pieza. Es de una textura mucho más blanda y maleable y su color algo amarillento. Mira bien estas fotos que te pongo a continuación porque tal vez te compense comprarlos ya precocidos y envasados como semiconserva en su propia gelatina. La verdad es que cada vez me cuesta más trabajo encontrarlos porque la mayoría de las cárnicas que los venden envasados, no solo están cocidos, sino ya guisados. Pero si quieres hacerlo todo, córtalos en trozos no muy pequeños y ponlos a cocer en olla express una hora aproximadamente en agua con una cebolla entera, un puñadito de granos de pimienta negra, cuatro o cinco clavos, dos hojas de laurel y un vaso de vino blanco. Mejor, la víspera.
Y para los que no sintáis la curiosidad de hacerlos desde el principio, partiremos de unos callos ya troceados y cocidos. Hay en el mercado español varias marcas que los presentan precocidos en paquetes de kilo en su propio jugo de cocción, pero no guisados:
PRIMERO.- Para conseguir esa textura en la salsa que hace que se nos peguen los labios al comerlo, necesitamos incorporar media mano de ternera o una o dos manitas de cerdo ya que aportarán esa gelatina necesaria para ello. También será mejor cocerlas la víspera. Sigue las instrucciones del apartado primero de la recetamanitas de cerdo, pero con una salvedad: déjalas cocer 30 minutos más para que se deshagan un poco, de forma que cuando hayan enfriado, podamos deshuesarlas totalmente, eliminando las pezuñitas, los huesos principales (proximales) y todos los demás huesitos palmares que tiene la mano del cerdo. Cuela el caldo de la cocción con las manitas ya deshuesadas y en cuanto haya enfriado, mételo en la nevera.
SEGUNDO.- Ya al día siguiente (o simplemente unas horas después), recuperalo del frigorífico . Verás que sobre la superficie se ha solidificado toda la grasa que han soltado en la cocción. Es blanca y densa; manteca pura…. y aunque contribuiría a darle al guiso un magnifico sabor, yo prefiero eliminarla porque es terriblemente perjudicial para la salud y para una digestión tranquila. Por otra parte, otros aportaremos otros elementos que dejarán ya bastante grasa. Nos quedamos con el resto que, como verás, no es grasiento sino muy gelatinoso; colágeno puro.
TERCERO.- Picamos fina la cebolla y la reservamos momentáneamente. Ahora ponemos al fuego la cazuela en la que vayamos a hacer el guiso con seis cucharadas de aceite de oliva virgen extra. Corta ocho o diez rebanadas de pan y fríelas en ese aceite por ambos lados. Procura que tomen un color marrón claro y una textura crujiente sin que se quemen; escúrrelas y sácalas inmediatamente con la espumadera sobre papel de cocina. Reserva.
CUARTO.- En ese aceite, echa un par de hojas de laurel y sofríe la cebolla a fuego lento hasta que esté transparente y tierna…. incluso un poco dorada. Salpimentar ligeramente. Mientras que se hace la cebolla, en el mortero se pica y machaca el ajo y el perejil hasta que esté todo bien majado, casi una pasta, añadiendo después el pan frito y la cayena (si echas dos o más, te aproximarás más a la receta original que es algo picante, pero tenlo muy en cuenta ahora, porque luego será tarde). Machacar de nuevo, pero ligeramente para que el pan quede a trocitos muy pequeños, en vez de totalmente triturado.
Para ir ganando tiempo, pon los callos con su gelatina en una cazuela y caliéntalos muy despacio.
QUINTO.- Si ya tenemos la cebolla tierna, retira el exceso de aceite y echa los chorizos y la morcilla para rehogarlo todo junto un rato. Echa ahora el majado que teníamos en el mortero y remueve bien para que rehogue. Tras unos cinco o seis minutos, añade un par de cucharadas de harina de trigo y deja que se tueste unos segundos a fuego bajo para que pierda ese sabor a engrudo que tiene cuando está cruda, al tiempo que se sofríe con la grasa del chorizo y la morcilla, aromatizando enormemente el guiso. Remueve enseguida para que no se queme y cuando esté bien mezclada con todo, retira la cazuela del fuego unos instantes para agregar una cucharada y media de pimentón dulce o ahumado removiendo rápidamente porque se quema enseguida.
SEXTO.- Vuelca poco a poco el caldo de cocer las manitas (con ellas deshuesadas) removiendo para que la harina vaya disolviéndose en él y haciendo cuerpo. Verás cómo va naciendo ya una salsa trabada. Llévalo a una ebullición lenta vigilando el fondo para que no se agarre y rescata la morcilla para que no se nos rompa y deshaga.
SÉPTIMO.- Es el momento de incorporar los callos con una espumadera. Como ya tenemos la gelatina de la cocción de las manitas, sólo necesitaremos un poco de la de los callos o tal vez nada. Esto tendrás que ir viéndolo a medida que avances en el proceso, porque no queremos una sopa…. Lo llevaremos todo a ebullición suave.
OCTAVO.- Déjalos cocer durante unos treinta minutos a fuego muy suave y removiendo a menudo. El espesor de la salsa es algo que va en gustos así que puedes reducirla a base de cocción lenta o com o te decía antes, licuarla un poco con el caldo de la cocción de los callos, pero de a poquitos hasta que esté a tu gusto. Rectifica de sal, pero no te excedas.
NOVENO.- Aunque no es necesario, los últimos 20 minutos se los vamos a dar en el horno, a 90-100ºC con calor arriba y abajo. Es un paso prescindible, pero si puedes, hazlo porque enriquece mucho el resultado final. La capa superior de la salsa y los callos que asomen se dorarán un poquito.
DÉCIMO.- Reposar durante, al menos quince minutos y servir acompañado de un buen vino tinto y, por supuesto, de pan…. todo el que tu dieta te permita. Es evidente que no es un plato ligero, pero de vez en cuando, resulta casi imprescindible. Tomarlo al día siguiente de haberlo cocinado para que los callos absorban todo el sabor del guiso, siempre será mejor. H1211/R1604/R2502