INGREDIENTES: 1 aguacate maduro grande, 1 diente de ajo, varias hojas de cilantro, zumo de medio limón, 1 yogur natural desnatado y 0% azúcares, 2 claras de huevo, unas gotitas de tabasco (opcional) y sal.
PRIMERO.- Cortar el aguacate por la mitad y dar un golpe seco con la hoja de un cuchillo afilado sobre el hueso de forma que se clave en él. Sujetando el aguacate, giraremos el cuchillo hacia un lado de forma que el hueso rote y se separe de la fruta. Y ahora, meteremos una cuchara sopera por el lado opuesto al pedículo del aguacate procurando estar siempre en contacto con la parte interior de la cáscara y sacar la carne de una pieza, apurando al máximo.
SEGUNDO.- Cortar el aguacate en varios trozos y echarlo al bol. Pelar el diente de ajo y añadirlo también junto con el yogur. Ponle sal.
TERCERO.- Exprime el zumo de medio limón y agrégalo asegurándote que no cae ninguna pepita. Lava bien las hojas de cilantro procurando eliminar los tallos y pícalo muy fino para echarlo al bol.
CUARTO.- A esta salsa le va de lujo un poco de picante así que ponle unas gotitas de tabasco. Este ingrediente es opcional, y no te excedas en ningún caso para no encubrir el sabor del aguacate como producto principal; y menos aún si vas a usar esta salsa para acompañar pescados blancos. Incluso en este último caso, plantéate no poner el tabasco.
QUINTO.- Usa la batidora de mano a la máxima potencia y bate bien, procurando que quede lo más fino posible. Verás que se hace una crema espesa en la que se aprecian algo parecido a unos grumos muy pequeños. Eso sólo es síntoma de que has batido poco tiempo, así que dale hasta que esté la masa fina y densa.
SEXTO.- Ahora incorpora las dos claras de huevo y bate continuamente hasta que te quede una crema muy bien emulsionada y suave. Como puedes ver en las fotografías, yo uso claras de huevo pasteurizadas que venden envasadas. Son de una calidad magnífica y te evitas el engorro de separar las claras de las yemas y que éstas últimas se queden huérfanas por la nevera esperando ser utilizadas.
SÉPTIMO.- Prueba para comprobar el punto de sal e incluso de limón, ya que el aderezo va en gustos. Es una gran acompañante de pescados (blancos y azules) y un magnífico aderezo de ensaladas.H1901/2201
INGREDIENTES: Para 4 personas. 1 kg de setas variadas de temporada. Por ejemplo: 200 gr Shimeji Marron, 200 gr Pleurotus Eryngii, 200 gr Aurícula Judae (oreja de judas) 200 gr Lentinus Edodes y 200 gr Pleurotus Ostreatus (variedad cultivada parecida a la seta de cardo), 1 cebolla, 4 dientes de ajo, aceite de oliva virgen extra, sal, 1 cucharada de harina, 100 cc de Vino Fino seco, 1’5 litros de caldo de carne (1 hueso de ternera, 1 zanahoria, 1 cebolla) 100 grs jamón serrano picado.
PRIMERO.- Pon en una cazuela dos litros de agua con una zanahoria, 1 cebolla y el hueso de ternera. Tenlo cociendo unos cuarenta y cinco minutos más o menos. Si no dispones del hueso o no tienes tiempo, puedes usar en su lugar una pastilla de caldo concentrado con las verduras. Al final te quedará litro y medio aproximadamente. Las pastillas de caldo no son muy recomendables porque contienen grasas hidrogenadas, pero su consumo esporádico es, a mi juicio, inofensivo.
SEGUNDO.- Pica muy finos los dientes de ajo y échalos en la cazuela con aceite de oliva virgen extra. No lo bañes todo en aceite, pero tampoco te quedes corto porque lo necesitarán las setas para rehogar. Aún no la pongas al fuego y muévela para que el aceite se impregne bien del sabor y aroma del ajo.
TERCERO.- Corta la cebolla en juliana, coloca la cazuela al fuego y cuando esté caliente pero sin humear (porque se nos quemaría el ajo), echa la cebolla y remueve bien para que se engrase. Fuego medio y a pochar sin que se tueste.
CUARTO.- Mientras se rehoga la cebolla, vamos a ir preparando las setas. Sin mojarlas, límpialas con un paño seco para quitarles restos de tierra que les pudiera quedar. No obstante, hoy día salvo que las cojas tú del monte, las setas vienen bastante limpias.
Usa un cuchillo de hoja grande y afilado y córtalas en una juliana fina, pero ten en cuenta que al ser en su mayor parte agua, perderán mucho volumen en la cocción. Pretendemos que tengan un tamaño razonable en el plato. Mira las fotos.
QUINTO.- Una vez pochada la cebolla, echaremos una cucharada sopera de harina por toda la superficie, procurando que no se apelmace. Si la quieres echar tamizada con un colador, el resultado es excelente, aunque tampoco hace falta tanto. Deja que se tueste, pero que no se queme, o tendrás que volver a empezar.
SEXTO.- Una vez tostada, echa poco a poco el vino y remueve para que haga cuerpo con la harina. Notarás que te pide mucho más líquido. Baja el fuego al mínimo.
SÉPTIMO.- Vamos a ir echando las setas empezando por las que necesiten más tiempo según su dureza en crudo. En nuestro caso, las Pleurotus Ostreatus. Removemos. Al cabo de unos 3 minutos, la Lentinus Edodes y con espacios de tiempo similares, iremos añadiendo las demás: la Pleurotus Eryngii, la Aurícula Judae y por último la Shimeji Marron, que es la más pequeña y delicada. Queda a tu criterio el orden en el que vayas echando las tuyas. A mí me encantan que queden un poco “al dente” así que tampoco me importa mucho este paso. Las setas empiezan a soltar su agua enseguida, pero la harina va a querer más. Eso significa que debes estar pendiente del fondo de la cazuela porque tenderá a pegarse e incluso a quemarse. Si ves que te está ocurriendo esto, no bajes el fuego y agrega un poco de caldo.
OCTAVO.- Cuando hayas rehogado el último tipo de seta durante un par de minutos, ve echando el caldo poco a poco removiendo con mucho mimo para que no se rompan y deja que reduzca y espese un poco. ¿Cuánto tiempo?. Yo diría que unos quince minutos a fuego bajo sin que pare la ebullición.
NOVENO.- Echa sal ahora con prudencia, teniendo en cuenta que lo único que nos queda por hacer es añadir el jamón y éste aporta su sal. Y lo haremos a continuación, apagando el fuego inmediatamente. Remueve y déjalo reposar unos cinco minutos.
Este plato no debe llevar condimentos fuertes porque los sabores y aromas de las setas son distintos y espectaculares, pero algunos son muy sutiles y no debemos ocultarlos. Por otra parte, el caldo es riquísimo, así que puedes plantearte servirlo en plato hondo y usar cuchara. H1812/R2511
INGREDIENTES: 1 lata de berberechos, 2 cucharadas soperas de
mayonesa, 6 quesitos en porciones.
PREVIO.- Excelente salsa para aperitivo que aprendí de mi amiga Alejandra P. (Sandra). Es perfecta para “dipear” con patatas fritas (chips). Carece de dificultad alguna y se hace en 5 minutillos escasos, por lo que es muy adecuada para situaciones en las que haya que improvisar.
PRIMERO.- Compra una lata de berberechos de cierta calidad para que sean de un buen tamaño. Vacía el contenido en un bol con todo su líquido.
SEGUNDO.- Añade las dos buenas cucharadas de mayonesa envasada y los quesitos en porciones.
TERCERO.- Bate hasta que todos los ingredientes emulsionen y quede una crema homogénea. Insisto en este punto porque la crema se hará enseguida, pero muy granulada. Ten paciencia y sigue batiendo un rato hasta que quede una textura lisa y suave. Si quisieras una textura más espesa, añade uno o dos quesitos más, pero no te excedas porque su sabor empezará a tapar el de los berberechos, que es el principal.
CUARTO.- Sírvelo acompañada de patatas chips porque es el complemento perfecto y tómatelo con calma porque crea adicción… H1811
INGREDIENTES: Para 4 personas: 2 berenjenas, 1 cebolla, 1 pimiento rojo de asar, 4 dientes de ajo, 2 huevos, 70 grs queso rallado (prescindible), 150 grs copos de avena sin gluten, pimienta negra molida, aceite de oliva virgen extra y sal.
PRIMERO.- Lo primero será asar las verduras. Ajusta el horno a unos 220ºC con ventilación, calor arriba y abajo. Pon unas gotitas de aceite de oliva virgen extra sobre las berenjenas, el pimiento y la cebolla (sin pelar) y frótalos con la mano para que todas ellas queden cubiertas con una mínima capa de grasa. Colócalo todo en una fuente para horno y deja que se asen, incluso que se tuesten, pero no que se quemen, así que al cabo de unos veinte minutos baja el termostato a 180ºC y aprovecha para meter los dientes de ajo también embadurnados en una gotita de aceite. En unos 30-35 minutos podremos sacar las berenjenas y el pimiento (y los ajos, que sólo habrán estado unos 10-15 minutos). Si tienes dudas, pínchalos con una aguja de repostería y si entra con facilidad, estarán ya asados. Deja la cebolla unos quince minutos más para que se haga bien por dentro.
SEGUNDO.- Coloca toda la verdura sobre un colador para que escurran sus muchos jugos, hazle un par de cortes longitudinales y déjalas enfriar.
TERCERO.- Ya templadas, las iremos quitando la piel y raspando su lado interior para aprovechar bien su pulpa. Córtalas en trozos muy pequeños y vuelve a colocarlas sobre el colador para que continúen escurriendo.
CUARTO.- En un bol donde nos quepa todo echaremos dos huevos que batiremos lo justo para romper la yema, agregaremos el queso y removeremos. Tal y como indico en los ingredientes, el queso es prescindible a pesar de lo bien que combina con la verdura asada y lo que ayuda a cohesionar la masa. Se trataría de renunciar a su sabor a cambio de reducir calorías. Tú decides.
QUINTO.- Volcamos ahora toda la verdura picada y mezclamos bien. Salpimenta todo con cierta generosidad porque la verdura asada es muy sosa.
SEXTO.- Es el turno de los copos de avena. Como ves, he especificado «avena sin gluten» a pesar de que este cereal no lo contiene, pero parece ser que se contamina fácilmente durante su procesado.
Mézclalo todo y deja reposar una media hora para que la avena se hidrate a base de absorber los líquidos que aún quedan procedentes de la verdura. La cantidad de avena es aproximada. Necesitará tanto más cuanto menos hayas escurrido las berenjenas y el pimiento. No obstante, sé prudente porque es bastante calórica.
SÉPTIMO.- Unas gotas de aceite de oliva sobre una sartén o plancha antiadherente y temperatura moderada. Echa una buena cucharada de masa y aplástala ligeramente dando forma plana y redondeada con la cuchara. Todos sus ingredientes están ya cocinados y se quema fácilmente así que dale la vuelta en cuanto tenga un tono tostado. Ayúdate con una paleta o espumadera pequeña para que no se rompa.
OCTAVO.- Servir enseguida a no ser que te guste más la verdura fría. Yo no la acompañaría con ningún tipo de salsa porque no resulta nada seca y su sabor quedará oculto. H1810/R2111
INGREDIENTES: 1 hígado de pato graso desvenado, 500 cc leche, sal, 6 cucharadas de brandy, 4 cucharadas de Málaga Virgen, pimienta blanca. 1 cucharadita de azúcar moreno, 1 l. leche. Salsa de frambuesa para acompañar.
PREVIO.- Según la legislación europea, un hígado de pato podrá ser denominado “graso” o “foie gras” siempre que alcance un peso superior a los 300 gr. Normalmente los encontraremos en los mercados con un peso de entre 500 y 600 gr. Procura comprarlo ya desvenado, es decir, que venga ya sin las venas de su interior que es necesario extraer. De lo contrario, tendrás que separar los lóbulos y localizarlas “a mano”.
PRIMERO.- La víspera, pondremos el hígado en un recipiente hondo y lo cubriremos con leche, una cucharadita de sal y un chorrito de brandy. Lo tapamos y lo dejamos en la nevera durante 1-2 horas. Mediante este procedimiento terminará de expulsar restos de sangre que aún pudieran quedar en pequeños capilares.
SEGUNDO.- Transcurrido el tiempo, lo sacamos del frigorífico y dejamos otra media hora hasta que se atempere. Separamos ambos lóbulos a modo de libro y lo depositamos en la encimera sobre un film de cocina.
TERCERO.- Presiónalo ligeramente para igualar un poco la pieza y clava ligeramente los dedos por toda su superficie para hacer pequeñas cavidades. Mira la foto.
CUARTO.- Sálalo de modo uniforme a razón de unos 15 gramos de sal por kilo. Este que ves ha pesado 540 gr, así que le ponemos unos 8 gramos. En cuanto a la pimienta, ponle ahora a razón de 4 gramos por kilo, pero tampoco te rompas la cabeza pesando. Y por último, una cucharadita de azúcar moreno bien repartida. Echa el brandy primero y a continuación el vino. Procura que quede en las cavidades que hemos hecho con los dedos pues de lo contrario, se escurrirá fuera del foie.
QUINTO.- Cierra un lóbulo sobre el otro (más o menos), envuélvelo en el film o en el recipiente anterior vaciando la leche y mételo de nuevo en la nevera (tapado) durante unas horas o hasta el día siguiente.
SEXTO.- Sácalo del frigorífico una hora antes de empezar para que se atempere y puedas manipularlo bien. Ten preparados varios trozos de film de cocina de unos 50 cm de longitud, bien estirados.
SÉPTIMO.- Dispón el film sobre la encimera en posición longitudinal a ella, ya que enrollaremos en este sentido para que nos quepa bien. Coloca el foie sobre él y comienza a envolverlo al tiempo que vas presionándolo para que se compacte bien. ¿Cuánta presión?. Lo vas a notar enseguida cuando veas que se te escapa por todas partes. En tal caso, presiona menos… La idea es hacer un compacto de esa masa blanda de foie y envolverlo como si fuera un caramelo. Tendrás que hacerlo varias veces. Unas seis. Y a las primeras, puedes pinchar el film con una punta para eliminar posibles cámaras de aire y que al final nos quede liso por fuera. Pon tantas capas de film como necesite hasta que estés completamente seguro de que es estanco.
OCTAVO.- Ahora vamos a cocinarlo. “Mi cuit” significa en francés “media cocción” y según tengo entendido, las recetas más originales consisten en cocerlo al baño maría hasta que alcance una temperatura exterior de unos 70ºC. Pero el vapor hace idéntica función y es más cómodo. Si tienes ollas de vapor o el accesorio de los robots modernos, úsalos. Desde que el agua hierva y empiece a exhalar el vapor, lo tendremos bien tapado durante 15 minutos, transcurridos los cuales, abriremos con cuidado para no quemarnos, le daremos la vuelta y lo tendremos de nuevo unos 8 minutos desde que recupere el vapor.
NOVENO.- Es muy importante parar la cocción, así que mientras se cocina, prepara un recipiente con agua y hielo donde podamos sumergirlo enseguida. Y una vez frío, al frigorífico durante un par de días. Como ves, el cocinado es cuestión de vigilar el tiempo. No vayas a destrozar un producto que, además de exquisito, es carísimo.
DÉCIMO.- Prepara una salsa dulce a base de frambuesas, o manzana o una reducción de Málaga Virgen. Ten a mano un recipiente con agua caliente y un buen cuchillo dentro. Y cuando lo tengas todo listo, saca el Foie Micuit de la nevera, que estará bien duro. Verás que la muchísima grasa del foie la ha expulsado al exterior y se ha depositado en la superficie.
UNDÉCIMO.- Quítale con cuidado los plásticos y, sobre todo, hazlo antes de que esa grasa amarilla comience a derretirse. Utiliza el cuchillo que tenías sumergido en agua caliente y corta las porciones que vayas a necesitar, sabiendo que puedes envolverlo bien de nuevo o incluso congelar el resto.
Sírvelo con unos biscotes o tostadas finas y acompañados de unasalsadulce o, como te decía antes, una reducción de Oporto o Pedro Ximénez. H1810/R2509
INGREDIENTES: Para 4/5 personas. 16 canelones precocidos, 300 gr trozos de caballa en aceite, 2 cebollas, 2 dientes de ajo, 8 tomates muy maduros (o una lata de tomate natural triturado de 800 gr) perejil fresco, 1 hoja de laurel, 2 cayenas, pimienta negra molida, 1 zanahoria, 200 cc caldo de pescado, 3 cucharadas de aceite de la lata de la caballa, 70 cc brandy, aceite de oliva. 150 gr mozzarella rallada.
PREVIO.- Para elaborar este plato, yo compro una lata redonda de caballa en aceite en trozos de unos 800 gramos de peso total. Está muy bien de precio y es de muy buena calidad. Pero si no la encuentras, usa cualquier lata de caballa en aceite y sólo tendrás que trocear un poco los lomos. Otra opción muy asequible son las sardinas, que darán un sabor muy similar. En todo caso, abre ahora la lata y ponla sobre un recipiente para que escurra bien el aceite o separa 300 gr y ponlos a escurrir en un colador.
PRIMERO.- Ahora, vamos a picar la cebolla y los ajos muy finos y ponerlo todo a pochar en una sartén honda con aceite de oliva, una hoja de laurel y dos cayenas. Temperatura suave. Al cabo de un par de minutos, echar una cucharada sopera de perejil fresco picado. Remover con frecuencia para que no se queme.
SEGUNDO.- Mientras tanto, picamos fino los tomates y los añadimos a la sartén cuando la cebolla esté transparente. Pero acuérdate de recuperar ahora las cayenas o te costará bastante en cuanto el tomate se incorpore al guiso. No obstante, si te gusta picante, déjalas hacer su trabajo y sigue. Si no tuvieras tomates maduros o anduvieras corto de tiempo, puedes echar una lata de tomate natural triturado. Salpimentar ligeramente, remover y tapar, porque el tomate hierve con burbujas muy gruesas que al reventar, salpica bastante y puedes quemarte. Remueve de vez en cuando.
TERCERO.- Trabajando en paralelo, necesitamos un fumet de pescado así que si guardas en el congelador alguna raspa o cabeza, es el momento de ponerla a hervir unos 20 minutos con una zanahoria. Cuela e incorpora la zanahoria picada. 200 cc de caldo serán suficientes. Si no dispones de tiempo o de pescado, usa un caldo envasado de buena calidad y le añades una zanahoria muy picada y unas tres o cuatro cucharadas del aceite de la lata de caballa y tenlo hirviendo unos minutillos hasta que la zanahoria esté tierna. Reservar.
CUARTO.- Cuando el tomate esté blandito y bien pochado o cuando veas que el triturado está guisado (pruébalo), separa en un bol un tercio del total. aproximadamente y añade sobre él la caballa. Mezcla bien y deja templar. Si ahora te sobra un ratillo, devuelve el aceite escurrido a la caballa sobrante y guárdalo en la nevera para otros usos. Queríamos eliminarlo sólo de la caballa del guiso.
QUINTO.- Echamos ahora el brandy al tomate de la sartén principal y rehogamos durante unos tres minutos hasta que evapore el alcohol, para -a continuación- incorporar el caldo de pescado y zanahoria. Déjalo rehogar otro par de minutos.
SEXTO.- Rescata el laurel, retira la sartén del fuego y bate bien su contenido con la batidora de mano o en el robot. Y ya tenemos la salsa con la que naparemos los canelones. Debería tener el espesor adecuado para ello, pero si te ha quedado muy líquida, espésala un poco con un Roux directamente y en caliente o con un poco de Maizena (echas media cucharadita en un vasito con agua fría, lo remueves bien hasta que se haya disuelto y lo incorporas a la salsa dejándolo hervir un minutillo).
SÉPTIMO.- Estos canelones precocidos tienen la enorme ventaja de que ya vienen en forma de tubo, con lo que los rellenaremos enseguida. Pon una pequeña capa de salsa sobre la base de una fuente para horno. Rellena los canelones con la mezcla de guiso de tomate y caballa, colócalos ordenadamente sobre la fuente y cúbrelos con el resto de la salsa. Enciende el horno a 170ºC y, mientras se calienta, echa por encima la mozzarella rallada.
OCTAVO.- Hornea durante unos 25 a 30 minutos. Como sabes, el relleno del canelón y la salsa están más que cocinados. Este tiempo de horno es el que marca el fabricante para que la pasta se hidrate.
Déjalo reposar unos 10 minutos y puedes servir. Te aseguro que no echarás de menos la típica bechamel. Verás qué sabor tan suave y agradable. Pero si decidiste dejar las cayenas, matizo lo de “suave” hasta que lo pruebes… H1809/2109
INGREDIENTES: 1 pierna de cordero recental de 1,400 kg aprox., pimienta negra molida, aceite de oliva, harina de trigo, 18-20 dientes de ajo, sal, ½ cucharadita tomillo, ¼ cucharadita de romero, ½ cucharadita de cominos, 1 cucharadita de pimentón ahumado, medio vaso de vinagre de Jerez, medio vaso de vino blanco, 1 vaso de caldo (según se explica en la receta).
PREVIO.- Esta receta la haremos con el “un poco denostado” cordero recental. Existe un cierto rechazo a él entre los más aficionados a la carne de este animal, porque la intensidad de su sabor aumenta en cuanto es destetado. Pero esto es un error si se confunde con el cordero pascual. El cordero recental tiene entre 40 y 100 días de vida, de los cuales la mitad se ha alimentado aún de la leche materna. Por su parte, el pascual supera los 100 días y los 13-14 kg de peso. Para esta receta y toda aquella en la que el cordero se guise, yo siempre usaría el cordero recental, a no ser que te encante el sabor intenso del pascual.
PRIMERO.- Deshuesado de la pata.- Si el carnicero te deshuesa la pierna del cordero y te la trocea, fenómeno. Pero tú puedes hacerlo divinamente porque no es complicado. Se trata de separar los diferentes músculos unidos por tejidos (telillas) de grasa adiposa. Es esencial eliminar la grasa (puro sebo) que envuelve la pierna y la intermuscular. Hazte con un par de buenos cuchillos no muy grandes y corta el tendón principal de la pierna. A partir de este momento, si vas cortando con cuidado y te fijas bien, verás que es muy simple porque sólo debes ir separando los músculos unos de otros y quitándoles la grasa que envuelve a cada uno y los separa entre sí. Es un poco laborioso, pero nada difícil. No buscamos un deshuesado perfecto, sino eliminar la grasa.
Para cuando te quieras dar cuenta (mira las fotos), tendremos los huesos por un lado, los músculos por otro y un montón nada despreciable de grasa que hemos pagado y eliminaremos. Pero si queremos comer sano, así ha de ser. Por otra parte, la carne no tiene ese sabor tan intenso que sí aporta la grasa.
SEGUNDO.- Pon un litro y medio de agua en otra cazuela y agrega los huesos (sin grasa), un trozo de cebolla, un pimiento verde y un poco de sal (o una pastilla de caldo de verdura). Ponlo a cocer durante el tiempo que duren los pasos siguientes.
TERCERO.- Corta la carne en trozos pequeños para que sean más tiernos y se cocinen antes. NO LE PONGAS SAL porque la tomará del proceso de cocinado. Sólo un poco de pimienta negra molida espolvoreada por encima.
CUARTO.- Enharinado suave. Esta técnica la llevo usando años; funciona de maravilla y es muy limpia: En una bolsa (apta para uso alimentario) echamos algo de harina. No más de 2 cucharadas soperas y a continuación metemos toda la carne. Cerramos la bolsa procurando dejar aire dentro para que quede hinchada y la agitamos como si de una gran maraca se tratara. Mientras tanto, calienta aceite de oliva en una cazuela ancha y echa la mitad de los dientes de ajo sin pelar.
QUINTO.- Cuando el aceite esté caliente, agrega la carne poco a poco procurando sacudirla para que sólo caiga la harina que está superficialmente adherida a ella. Mira las fotos. Fríe a una temperatura media-alta para que tome color, pero que no se requeme el aceite (con la harina). Hazlo en dos veces si fuera preciso.
SEXTO.- Reserva todo (carne y ajos) en un plato y retira todo el aceite. Ya sé que esa grasa aportaría al plato un sabor increíble, pero es profundamente indigesta e insana. Créeme si te digo que tenemos sabor de sobra (y recuerda que no le hemos puesto sal, pero ya verás al final…). Ahora mira esa taza llena de grasa del cordero y aceite refrito que hemos eliminado. No es buena. Retira provisionalmente la cazuela del fuego porque todos esos restos de cordero adheridos al fondo (zurrapa pura) los vamos a aprovechar enseguida y no queremos que se quemen.
SÉPTIMO.- Frito el cordero, o mientras se va haciendo, echa la otra mitad de los ajos en el mortero, pero esta vez pelados. Media cucharadita de sal para que no resbalen, el tomillo, el romero, los cominos y el pimentón ahumado. Májalo bien. Con paciencia y cuidado para que no salte hacia afuera. Y cuando estén, agrega el vinagre y el vino.
OCTAVO.- Recuperamos ahora la cazuela con toda su zurrapa de cordero adherida al fondo, la ponemos al fuego y echamos un poco del caldo que teníamos cociendo en la otra cazuela. Con la pala de madera recuperamos la zurrapa y cuando esté, echamos la carne y los ajos que reservábamos. Agregamos todo el majado, removemos bien y ponemos algo más de caldo de la otra cazuela.
NOVENO.- Ahora todo consiste en dejar hervir para que vaya reduciendo y la carne se vaya cocinado del todo. La cantidad de caldo dependerá del punto de cocción (ternura) de la carne y de lo sabroso que la queramos. Cuanto más reduzca, más intenso de sabor, así que ve probando y decide…. Pero si se quedara demasiado intenso (a pesar de llevar sólo la sal del mortero), echa un poquito de agua.
DÉCIMO.- Sírvelo acompañado de patatas, o berenjenas fritas… o de una simple ensalada, aunque si sólo lo “acompañas” de pan, con esa salsita intensa, corta y espesa… seguro que te va a gustar. H1809/R2310
INGREDIENTES: Para 2/3 personas. ½ lechuga tipo iceberg, 2 zanahorias medianas, ½ cebolla, 3 nueces, 9 gambones, 100 gr salmón ahumado, 150 gr queso de cabra fresco y sal. VINAGRETA: 1 cucharada sopera de mostaza americana, 2 cucharadas soperas de vino fino seco (Moriles), 1 limón, orégano, sal, vinagre de manzana, aceite de oliva virgen extra, y agua.
PRIMERO.- Lo primero será cocer los gambones. Pon en una cazuela agua a hervir con una hoja de laurel y dos puñados de sal. Cuando alcance el hervor, déjalo así un par de minutos para que el laurel infusione. Ahora mete los gambones y retíralos pasado un minuto desde que recupere el hervor. Sácalos a un recipiente con hielo y sal para cortar el hervor. Y finalmente, pélalos y reserva en el frigorífico.
SEGUNDO.- Pica la lechuga en trocitos pequeños de forma que no haya que pincharlos con el tenedor, sino recogerlos. Échalo a un bol.
TERCERO.- Pela la zanahoria y la cebolla y pícalas muy finamente. Échalas también al bol. Ahora quítale la cáscara a las nueces y córtalas en trozos que resulten perceptibles en la boca y júntalo todo.
CUARTO.- Revuelve bien para que se mezclen todos los ingredientes.
QUINTO.- Saca los gambones de la nevera, córtalos en tres (reservándote un par de ellos para decorar) y agrégalos a la ensalada. Remueve de nuevo.
SEXTO.- Corta el salmón en trozos que no sean muy pequeños, no sólo para que sea perceptible a la vista, sino también para que “mande” como el ingrediente principal que es. Añade unos cuantos trozos al bol y mezcla procurando que no se peguen entre sí. Ve agregándolos todos poco a poco. Si los echamos de golpe, se unirán entre ellos formando un cúmulo.
SÉPTIMO.- Lo mismo ocurrirá con el queso de cabra, así que corta trozos grandecitos y échalos repartidamente y procurando que no se unan y apelmacen entre ellos.
OCTAVO.- Ya sólo nos queda la vinagreta, que montaremos echando la mostaza en un bol pequeño, sobre el cual colocaremos un colador y exprimiremos el zumo de un limón. Mezclaremos con la varilla y agregaremos el vino, un chorrito de vinagre de manzana, un poco de sal y el orégano. Volvemos a batir y sin dejar de hacerlo, iremos echando un hilo de aceite de oliva virgen extra hasta que haga cuerpo con el resto.
NOVENO.- La vinagreta está lista, pero intensa de sabor, así que prueba y rebájala con muy poquita agua fría hasta que te guste. Pero ten en cuenta que si la rebajas demasiado, cuando la eches sobre la ensalada, perderá mucho sabor y aroma. Más vale que al probar esté fuerte ya que al mezclarla con los ingredientes no aderezados, se suavizará lo justo. H1807/R2111