CALLOS A LA MADRILEÑA

INGREDIENTES: 4 kg callos frescos de ternera o 3 kg de callos de ternera precocidos, 2 manos de cerdo (o media de ternera), 2 morcilla asturiana,  3 ó 4 chorizos asturianos,  3 ó 4 cebollas, 1 cabeza de ajo, 1-3 cayenas (según el gusto),  perejil picado, laurel, clavo, pimienta negra, pimentón dulce, aceite de oliva, pan, harina, vino blanco, 150 grs jamón serrano picado o en taquitos.

PREVIO.- El callo es uno de esos productos que no admiten medias tintas. O te vuelven loco, o no puedes ni verlo; y esto ocurre -poco más o menos- con casi todos los productos de casquería. Yo tuve la suerte de probarlos en mi casa antes de conocer su origen y esta receta tiene mucho de aquella que mi madre guisaba, por lo que es de justicia reconocerlo. Pero cuando reparé en el hecho de que los callos no son más que un estómago troceado, opté directamente por los de ternera y si acaso los de cordero, frente a los de cerdo. ¿Por qué?. Fácil; porque vaca y cordero son animales herbívoros y por sus tripas sólo ha pasado hierba. En cambio el cerdo es omnívoro… y ahí lo dejo.

Si quieres saber más sobre el origen, tratamiento y preparación de los callos para guisarlos, sigue leyendo. Pero si no te hace falta profundizar, salta AHORA al punto primero, porque no te va a gustar lo que viene a continuación.
LIMPIEZA Y COCCIÓN.- Un estómago entero de ternera pesa unos 4,5 kg y hoy día los podemos encontrar en industrias cárnicas (generalmente por encargo) y te los dan ya limpios; blanquitos y muy bien lavados, pero dada la pieza en cuestión, yo los corto en trozos grandes y los lavo un poco más en agua y frotándolos enérgicamente con sal gruesa. Ahora hay que escaldarlos: échalos en agua hirviendo con un buen vaso de vinagre durante no más de cuatro o cinco minutos para sacarlos rápidamente y enfriarlos bajo el grifo. El problema de los callos es que al cocerlos desprenden un olor absolutamente disuasorio. Es un hedor muy penetrante  a “animal” que en los pueblos de Madrid y castellanos llaman “bravío”. Por lo que he podido comprobar, la mayor parte de este olor no lo desprende el callo en sí, sino la grasa adiposa que tiene por detrás y que hay que eliminar lo más posible con una puntilla afilada y mucho esmero, antes de trocear del todo la pieza. Es de una textura mucho más blanda y maleable y su color algo amarillento. Mira bien estas fotos que te pongo a continuación porque tal vez te compense comprarlos ya precocidos y envasados como semiconserva en su propia gelatina. La verdad es que cada vez me cuesta más trabajo encontrarlos porque la mayoría de las cárnicas que los venden envasados, no solo están cocidos, sino ya guisados. Pero si quieres hacerlo todo, córtalos en trozos no muy pequeños y ponlos a cocer en olla express una hora aproximadamente en agua con una cebolla entera, un puñadito de granos de pimienta negra, cuatro o cinco clavos, dos hojas de laurel y un vaso de vino blanco. Mejor, la víspera.

Y para los que no sintáis la curiosidad de hacerlos desde el principio, partiremos de unos callos ya troceados y cocidos. Hay en el mercado español varias marcas que los presentan precocidos en paquetes de kilo en su propio jugo de cocción, pero no guisados:

PRIMERO.- Para conseguir esa textura en la salsa que hace que se nos peguen los labios al comerlo, necesitamos incorporar media mano de ternera o una o dos manitas de cerdo ya que aportarán esa gelatina necesaria para ello. También será mejor cocerlas la víspera. Sigue las instrucciones del apartado primero de la receta manitas de cerdo , pero con una salvedad: déjalas cocer 30 minutos más para que se deshagan un poco, de forma que cuando hayan enfriado, podamos deshuesarlas totalmente, eliminando las pezuñitas, los huesos principales (proximales) y todos los demás huesitos palmares que tiene la mano del cerdo. Cuela el caldo de la cocción con las manitas ya deshuesadas y en cuanto haya enfriado, mételo en la nevera.

SEGUNDO.- Ya al día siguiente (o simplemente unas horas después), recuperalo del frigorífico . Verás que sobre la superficie se ha solidificado toda la grasa que han soltado en la cocción. Es blanca y densa; manteca pura…. y aunque contribuiría a darle al guiso un magnifico sabor, yo prefiero eliminarla porque es terriblemente perjudicial para la salud y para una digestión tranquila. Por otra parte, aportaremos otros elementos que dejarán ya bastante grasa y sabor.  Nos quedamos con el resto que, como verás, no es grasiento sino muy gelatinoso; colágeno puro.

TERCERO.- Picamos fina la cebolla y la reservamos momentáneamente. Ahora ponemos al fuego la cazuela en la que vayamos a hacer el guiso con seis cucharadas de aceite de oliva virgen extra. Corta ocho o diez rebanadas de pan y fríelas en ese aceite por ambos lados. Procura que tomen un color marrón claro y una textura crujiente sin que se quemen; escúrrelas y sácalas inmediatamente con la espumadera sobre papel de cocina. Reserva.

CUARTO.-   En ese aceite (o añadiendo algo más si fuera preciso), echa un par de hojas de laurel y sofríe la cebolla a fuego lento hasta que esté transparente y tierna…. incluso un poco dorada. Salpimentar ligeramente. Mientras que se hace la cebolla, en el mortero se pica y machaca el ajo y el perejil hasta que esté todo bien majado, casi una pasta,  añadiendo después el pan frito y la cayena (si echas dos o más, te aproximarás más a la receta original que es algo picante, pero tenlo muy en cuenta ahora, porque luego será tarde). Machacar de nuevo, pero ligeramente para que el pan quede a trocitos muy pequeños, en vez de totalmente triturado.

Para ir ganando tiempo, pon los callos con su gelatina en una cazuela y caliéntalos muy despacio.

QUINTO.-  Si ya tenemos la cebolla tierna, retira el exceso de aceite y echa los chorizos y la morcilla para rehogarlo todo junto un rato. Echa ahora el majado que teníamos en el mortero y remueve bien para que rehogue. Tras unos cinco o seis minutos, añade un par de cucharadas de harina de trigo y deja que se tueste unos segundos a fuego bajo para que pierda ese sabor a engrudo que tiene cuando está cruda, al tiempo que se sofríe con la grasa del chorizo y la morcilla, aromatizando enormemente el guiso. Remueve enseguida para que no se queme y cuando esté bien mezclada con todo, retira la cazuela del fuego unos instantes para agregar una cucharada y media de pimentón dulce o ahumado removiendo rápidamente porque se quema enseguida.

SEXTO.- Vuelca  poco a poco el caldo de cocer las manitas (con ellas deshuesadas) removiendo para que la harina vaya disolviéndose en él y haciendo cuerpo. Verás cómo va naciendo ya una salsa trabada. Llévalo a una ebullición lenta vigilando el fondo para que no se agarre y rescata la morcilla para que no se nos rompa y deshaga. 

SÉPTIMO.- Es el momento de incorporar los callos con una espumadera. Como ya tenemos la gelatina de la cocción de las manitas, sólo necesitaremos un poco de la de los callos o tal vez nada. Esto tendrás que ir viéndolo a medida que avances en el proceso, porque no queremos una sopa…. Lo llevaremos todo a ebullición suave.

OCTAVO.- Déjalos cocer durante unos treinta minutos a fuego muy suave y removiendo a menudo. El espesor de la salsa es algo que va en gustos así que puedes reducirla a base de cocción lenta o com o te decía antes, licuarla un poco con el caldo de la cocción de los callos, pero de a poquitos hasta que esté a tu gusto. Rectifica de sal, pero no te excedas.

NOVENO.- Aunque no es necesario, los últimos 20 minutos se los vamos a dar en el horno, a 90-100ºC con calor arriba y abajo. Es un paso prescindible, pero si puedes, hazlo porque enriquece mucho el resultado final. La capa superior de la salsa y los callos que asomen se dorarán un poquito.

DÉCIMO.-   Reposar durante, al menos quince minutos y servir acompañado de un buen vino tinto y, por supuesto, de pan…. todo el que tu dieta te permita. Es evidente que no es un plato ligero, pero de vez en cuando, resulta casi imprescindible. Tomarlo al día siguiente de haberlo cocinado para que los callos absorban todo el sabor del guiso, siempre será mejor. H1211/R1604/R2502

PANECILLOS RELLENOS

INGREDIENTES: 3 panecillos pequeños, 150 gr jamón de York, 100 gr mozzarella rallada, 2 cucharadas soperas de parmesano rallado, perejil, medio diente de ajo, 1 huevo, salsa de yogur (2 yogures griegos, 2 cucharadas soperas de mayonesa, 1 cucharadita de azúcar, zumo de medio limón, una pizca de comino molido, pimienta negra molida, perejil picado)

PREVIO.- Estos panecillos rellenos son una verdadera exquisitez que me acabo de encontrar por ahí en no sé qué red social y tenían un aspecto tan magnífico que no me he podido resistir y  me he puesto a ello inmediatamente. Lo confirmo: es excelente.

PRIMERO.- Lo primero es hacer una salsa de yogur, así que echaremos en el vaso de la batidora unas hojas de perejil,  el zumo de medio limón, la pimienta negra, el comino y una cucharadita de azúcar. Batimos bien y agregamos el yogur y la mayonesa para, a continuación, batir de nuevo. Reservar en la nevera.

SEGUNDO.- Ahora tomamos cada una de las lonchas de jamón y las vamos cortando en trozos pequeños, que ponemos en un bol.

TERCERO.- Añade 50 gramos de mozzarella rallada, el parmesano rallado y un huevo. Haz una picada pequeña de perejil picado y medio diente de ajo. Mézclalo todo bien con una cuchara. Y por último, echa un par de cucharadas o tres de  salsa de yogur y remueve bien. No pongas mucha salsa porque el exceso puede resultar muy pesado.

CUARTO.- Toma una puntilla bien afilada y recorta los panes tratando de extraer la grieta que se hace en la masa cuando se cuece en el horno. Es una forma de abrirle una tapa sin que sea muy llamativo.

QUINTO.- Vacía la miga del panecillo y rellénalo con la mezcla que hemos hecho. Compacta un poco para que se llene bien y a continuación cubre el relleno con queso rallado.

SEXTO.- Ya solo queda meterlo en el horno-grill a 180ºC durante unos seis o siete minutos. Cuando tome un tono ligeramente tostado y el queso haya fundido un poco, puedes sacarlo del horno.

Córtalos por la mitad y déjalos reposar cinco minutillos para no abrasarte. Verás qué sabroso y qué crujiente. H1603/R2204

MENESTRA DE VERDURAS

INGREDIENTES: Para 6 personas: 2 cebollas, 8 dientes de ajo, 3 patatas, 2 zanahorias grandes, 1 kg verduras variadas para menestra (ultracongeladas), 200 cc tomate frito, 1 cucharada de pimentón dulce, pimienta negra molida, perejil picado, 1 cucharada de harina, 1 vaso de vino blanco,  2 hojas de laurel, aceite de oliva virgen extra y sal.

PRIMERO.- Picamos las cebollas y las ponemos en una sartén honda a pochar en aceite de oliva virgen extra. Fuego suave porque no queremos que se dore sino que quede tierna y transparente. Al cabo de unos cinco minutos, echamos los ajos cortados en trozos pequeños y removemos todo bien.  

SEGUNDO.- Echa el laurel,  el perejil picado y un poco de pimienta negra molida y cuando ya vaya estando tierna la cebolla, salamos ligeramente.

TERCERO.- Agregamos  una cucharada de harina y dejamos que se tueste un poco, pero que no se queme o tendremos que empezar de nuevo. Ahora retira del fuego la sartén momentáneamente y echa el pimentón removiendo todo el rato sin dejar de remover. Verás que la harina estará haciendo una especie de grumos pegados a la cebolla, así que vuelve a poner la sartén al fuego y echa el vino poco a poco sin dejar de remover para que la harina se vaya mezclando con el vino, formándose una crema espesa que acabará por convertirse en una salsa trabada a medida que vayamos agregando líquido.

CUARTO.- Ponle ya el tomate frito y mézclalo todo bien.  En este momento, el resultado es una salsa muy espesa que retiraremos del fuego y reservaremos.

QUINTO.- Pela las patatas y las zanahorias y córtalas en trocitos pequeños, que quepan sobradamente en la boca. Pon la zanahoria a hervir en  una cacerola con unos dos litros de agua con sal y  una hoja de laurel. Puedes añadirle si quieres una pastilla de caldo de pollo, pero no es necesario. Como lo estamos haciendo a olla abierta, puedes ir tanteando y cuando esté en el punto adecuado de cocción, sácalas con una espumadera sin retirar la olla del fuego porque acto seguido vamos a echar las patatas. Idéntico proceso, y echamos las verduras ultracongeladas para que cuezan unos doce minutos.

SEXTO.- Transcurrido el tiempo, con el fuego al mínimo y sin sacar las verduras, volcaremos sobre la olla las patatas y las zanahorias. Removemos y echamos ahora la salsa espesa que teníamos reservada. Mezclamos bien con cuidado para no deshacer las verduras ya cocidas.

La menestra de verduras es un plato de invierno, sanísimo y perfecto para tomar bien calentito. Si lo quieres más líquido, puedes ponerle más agua al principio, porque, como habrás visto, es la utilizada para la cocción que ha ido recibiendo los sabores de todas las verduras. H1603/R2301

BOLITAS DE QUESO

INGREDIENTES: 300 grs parmesano rallado, 125 grs mozzarella fresca, 1 huevo, 65 grs harina, 1 cucharada de orégano, sal, pan rallado y aceite de oliva suave.

PREVIO.- Perfecto entrante caliente para compartir en una cena en casa,  para un cocktail o como acompañamiento o guarnición. No es un plato individual porque una ración media para una persona puede resultar demasiado pesada. Por otra parte, si lo quieres muy suave, usa sólo  mozzarella. Un sabor moderado será con parmesano, y el que prefiera sabores de queso más intensos y aromáticos, debería sustituir la mozzarella fresca por otro tipo de quesos  tales como  roquefort, manchego, mezclas de todos, o parte de ellos.

PRIMERO.- Saca los quesos y el huevo de la nevera con una hora de antelación para que se templen un poco, pues nos facilitará la tarea. La elaboración es absolutamente simple ya que sólo se trata de mezclar  los ingredientes.

SEGUNDO.- Prepara un bol grande que nos permita amasar dentro de él. Echa el huevo, la harina y el queso rallado. Ponle un poco de sal y el orégano, y mézclalo todo con la mano. Ten en cuenta que el parmesano y muchos otros quesos son bastante salados. Ahora desmenuza con las manos la bola de mozzarella fresca y mézclalo también con el resto, de forma que nos quede una amalgama lo más uniforme posible. Para ello, solo hay un secreto: amasar y amasar. Y advierto que es muy antipático de hacer porque es muy pegajosa y grasienta, y parece no cohesionar bien. Pero no te preocupes porque trabajándolo un poco, saldrá bien.

TERCERO.- Ahora tenemos que hacer bolitas no muy grandes, porque un bocado demasiado grande puede llegar a empalagar. Se trata de hacer las bolitas con las dos manos, al estilo tradicional pero presiona bastante la masa mientras esferificas para que quede lisa, es decir, sin arrugas o pliegues. Procura que sean todas de un tamaño similar.

CUARTO.- El paso siguiente es pasar las bolitas por pan rallado. Verás que no se adhiere fácilmente, pero no te preocupes porque será suficiente.

QUINTO.- Fríelas en aceite de oliva suave. Que esté bien caliente para que se haga una costra rápidamente. Muévelas con la espumadera muy delicadamente para que, sin romperse, se doren uniformemente. Para ello es preferible hacerlas en diferentes tandas para que nos quede superficie en la sartén para girarlas y no se nos venga abajo la temperatura del aceite.

SEXTO.- En cuanto tomen su tono dorado, escúrrelas bien y sácalas a una fuente sobre papel absorbente que elimine el exceso de aceite. H1603/R2509     

LOMO A LA NARANJA

INGREDIENTES: 1,5 kg cinta de lomo de cerdo, 1 pimiento rojo de asar, 1 puerro, 1 cebolla blanca dulce, 1 cucharada de harina de trigo, 200 cc vino blanco,  aceite de oliva virgen extra, 60 grs de azúcar moreno, 1 cucharada de salsa de soja, 1 cucharada de miel, 1 kg naranjas, 1 vaso de agua, sal, pimienta negra molida, albahaca, tomillo, orégano, 2 hojas de laurel.

PRIMERO.- Normalmente, le quitaría a la pieza de lomo toda la grasa que tiene adherida por una de sus caras, y lo haría con mucho detalle para eliminarla del guiso. Pero en este caso, quitaremos sólo lo más grueso porque nos interesa dejar esa fina capa de grasa, al menos de forma parcial. Le quitaremos también el cordón, que es esa tira de carne y grasa que parece formar parte de la pieza, pero que si tiras de ella, verás que no es así. Sale fácilmente.

SEGUNDO.- Salpimentamos bien el lomo por ambas caras y lo ponemos a dorar en una cazuela honda y amplia para que nos quepa bien el guiso y luego la salsa resultante. Unas 3 cucharadas de aceite de oliva virgen extra bien caliente, y colocamos el lomo por la parte de la grasa hacia abajo para que se tueste bien. Baja un poco el fuego si ves que se quema. Ve dándole la vuelta hasta que esté bien dorado por todas partes, sácalo y reserva.

TERCERO.- Sobre el mismo aceite que nos ha quedado, echaremos ahora la parte blanca del puerro bien lavado, la cebolla y el pimiento, cortado todo en trozos pequeños. Rehogamos sin que se tueste, removiendo de vez en cuando. Fuego lento.  Añade el laurel, un poco de sal y las tres hierbas (tomillo, albahaca y orégano).

CUARTO.- Mientras se hace el sofrito, exprimiremos las naranjas eliminando los pipos pero sin deshacernos de la pulpa que se queda en el exprimidor ya que aportará fibra, aroma, sabor y consistencia a la salsa. He indicado 1 kg de naranjas porque necesitaremos unos 400 cc de zumo. Tapar y reservar.

QUINTO.- Cuando la verdura esté tierna, echaremos una cucharada de harina y la esparciremos bien para que se tueste un poco. Y ahora subimos un poco el fuego para volcar el vino y que vaya evaporando alcohol. Removemos bien para que la harina haga cuerpo con el vino y la verdura, generando ya una salsa bastante espesa.

SEXTO.- Baja el fuego otra vez e incorpora en este momento la salsa de soja, el azúcar y la miel. Remueve bien y rehoga unos cuatro o cinco minutos para que caramelice todo un poco. Este toque dulzón moderará estupendamente la acidez de la naranja.

SÉPTIMO.-  Ya podemos añadir el zumo y el agua, tras lo cual, incorporaremos la carne y el jugo que habrá soltado en este rato. Tápalo, sube el fuego hasta que hierva y bájalo lo justo para que conserve una ebullición muy suave sin que pare. Ponle la tapa pero déjala algo ladeada para que pueda salir el vapor y déjalo cocer durante unos 20 minutos. Pasado el tiempo dale la vuelta a la carne y otros 20 minutos. Es un tiempo aproximado para que se haga bien por dentro pero quedando jugoso en su interior. Si dispones de sonda térmica, pues yo lo dejaría hasta que el corazón de la carne alcance los 60 grados más o menos. Sácalo a una fuente y déjalo reposar al menos otros 20 minutos antes de cortarlo.

OCTAVO.- Retira momentáneamente las hojas de laurel y pasa la salsa por el pasapurés. Insisto en el pasapurés y no la batidora, que te dejará una salsa menos trabada y blanquecina.

NOVENO.- Con la carne ya reposada, podrás cortarla en rodajas más finas sin que se rompa y sin que pierda su jugo.  Aún así, todo el que haya soltado al cortar, échalo a la salsa y remueve.

No calientes (ni recalientes) la carne una vez cortada porque se secará sin remedio. Basta con que calientes bien la salsa. Además, fría también está magnífica. H1602/R2512

PAVO ESTOFADO CON SETAS

INGREDIENTES: Para 5/6 personas: 1,5 kg pechuga de pavo, 800 grs setas variadas, 2 cebollas, 1 pimiento verde, 1 pimiento rojo, 4 tomates maduros, 8 dientes de ajo, 150 grs aceitunas negras sin hueso, 1 vaso de fino de Montilla, aceite de oliva virgen extra, pimienta negra molida, curry* (ver salvedades en apartado cuarto), cúrcuma, sal y una cucharadita de azúcar.

PRIMERO.- Quitar la piel a la pechuga y lavarla bien bajo el grifo. Ahora la secamos un poco y la cortamos en trozos no demasiado pequeños.

SEGUNDO.- Salpimentar las tajadas y dorarlas en la olla express abierta con aceite de oliva a fuego intenso. Remover sobre todo al principio porque se pega al fondo. Para evitar que el calor se nos venga abajo y empiece a cocerse (en vez de dorarse), podemos hacerlo en diferentes tandas. Sacar y reservar.

TERCERO.- Picar la cebolla y ponerla a rehogar en el aceite que nos ha quedado en la olla. Fuego medio. Rascar el fondo para que la zurrapa pegada que ha dejado el pavo, se incorpore al guiso. Los jugos de la cebolla facilitarán mucho el rascado del fondo. Trocear los pimientos e incorporarlos a la olla. Ahora los dientes de ajo pelados pero enteros y el laurel.

CUARTO.- Cuando la cebolla vaya poniéndose transparente, corta los tomates lavados en cuadraditos y échalos a la olla junto con una cucharadita de azúcar que neutralice el ácido del tomate. Echa sal, un poquito de cúrcuma y otro poco de curry en polvo. Remueve de vez en cuando y tenlo unos diez minutos. La cúrcuma es una raíz y carece de gluten. El curry en cambio, es una mezcla de especias así que asegúrate que el envase garantice estar exento de gluten, aún por contaminación cruzada. Si tienes dudas y personas celíacas a la mesa, omite el curry y pon -si acaso- algo más de cúrcuma.

QUINTO.- Incorporamos las aceitunas y al cabo de unos dos minutos, subimos el fuego y echamos el vino, rehogando otros dos minutos para que evapore el alcohol.

SEXTO.- Añade la carne, mezcla todo bien y cierra la olla. Si es rápida, 6 minutos desde que sople el vapor. Como verás, no añadimos agua ya que con el vino y el jugo que suelte la verdura y la carne será suficiente. No obstante, no pongas el calor al máximo hasta que alcance su presión. Bájalo un poco para que no se queme el fondo y atento al olor del vapor. Una vez sople la válvula, bájalo el fuego mínimo posible pero sin que deje de echar vapor.

SÉPTIMO.- Transcurrido el tiempo, pondremos la olla en el fregadero vacío y regaremos la tapa con un fino chorro de agua hasta que la válvula baje. Con esta operación podemos abrir la olla con seguridad en tan solo unos segundos. Si no te gusta hacerlo así, espera a que pierda la presión por sí misma, pero ten en cuenta que el guiso sigue cocinándose. Retiramos la tapa y comprobaremos que el guiso sigue hirviendo, así que llevaremos la olla al fuego para que no pare y echaremos las setas. Fuego mínimo durante unos 5 minutos removiendo de vez en cuando y a olla abierta.

OCTAVO.- Déjalo reposar un rato para que se las setas aporten su sabor y podrás servirlo. Queda una salsa sabrosa y bastante líquida. A mí me gusta así, pero si la prefieres más espesa, puedes recurrir a la socorrida harina de maíz (Maizena), echando una cucharada en un vaso con agua fría. Disuélvela bien e incorpóralo al guiso poco a poco y remueve.

Con las precauciones que he citado antes respecto posibles trazas de gluten en el curry, esta receta está libre de esta proteína, por lo que es apta para personas celiacas. H1602/R2602

MINIPIZZAS

RECETA EN REVISIÓN INGREDIENTES: Para 2 coberturas distintas: Harina de fuerza, 20 grs levadura fresca, 33 cl cerveza, 1 cucharadita de sal, tomate frito,
orégano, mozzarella fresca, mozzarella rallada para gratinar, queso Havarti, ½
cebolla, champiñón laminado, fiambre de pechuga de pavo, aceitunas negras sin
hueso.  

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PREVIO.- Estas minipizzas son perfectas para cuando no queremos sentarnos a la mesa a cenar porque hemos decidido sacar algunas cosillas “para picar”. Aquí proponemos dos coberturas distintas pero en el mundo de las pizzas vale casi cualquier cosa que le pongas encima… porque estará bueno siempre.
Por otro lado, si te gusta la masa más rígida y resistente, pon harina de trigo normal y no de fuerza. También puedes ahorrarte la levadura porque la cerveza también le hará subir un poco. Pero tal y como está aquí escrita queda una masa tierna y elevada.

PRIMERO.- El proceso es muy sencillo y no tiene secretos especiales. Echa la cerveza en un bowl , añade la levadura deshaciéndola previamente con las manos, ponle sal y ve echando harina y moviéndolo hasta que la masa deje de pegarse a la mano.

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SEGUNDO.-  Espolvorea harina sobre la encimera y pon sobre ella la masa. A partir de este momento, dedícale cinco minutos de tu tiempo a amasar. Sólo cinco minutos y te quedará la masa perfecta. Hemos de conseguir una textura tal que dándole un pellizco, la masa vuelva a su posición al soltarlo. Si te excedes con la harina, la masa quedará seca y quebradiza.

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TERCERO.- Espolvorea nuevamente harina sobre la encimera y además ahora sobre el rodillo. Extiende bien la masa sobre la encimera añadiendo más harina espolvoreada si es preciso para que no se pegue, aunque si la masa está bien proporcionada, no se pegará. Puedes dividirla y hacerlo de dos veces, si necesitas espacio.

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CUARTO.- Con un vaso boca abajo haz las bases de las pizzas. Ponlo sobre la masa y aprieta a la vez que lo giras. Aprovecha los restos amasando de nuevo y repitiendo el proceso.

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QUINTO.- Pon papel de horno sobre las bandejas del horno (te harán falta dos, o hacerlo en dos turnos) y sobre él, coloca ordenadamente las bases sobre papel dejando una separación suficiente entre ellas porque la masa crecerá y acabarán uniéndose entre ellas.

SEXTO.- Ahora pon media cucharada de tomate frito sobre cada una y extiéndelo con la misma cuchara. Espolvorea orégano desde arriba para que se distribuya lo más uniformemente posible.

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SÉPTIMO.- Aquí separamos ya una cobertura de otra: Cobertura 1.- Corta la mozzarella fresca en lonchas y pon una sobre la mitad de las bases de masa. Encima de cada una coloca un poco de mozzarella rallada para gratinar y  ahora trocitos muy pequeños de cebolla cruda y una lámina de champiñón y media aceituna negra.

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OCTAVO.- Cobertura 2.- Coloca un trozo de loncha de queso Havarti sobre el tomate frito y el orégano en el resto de las bases de pizza. Sobre él puede poner taquitos pequeños de fiambre de pechuga de pavo y cubrirlo con mozzarella rallada para gratinar. No pongas demasiado porque estos quesos funden muy bien y acaban “devorando” a los demás ingredientes.

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NOVENO.- Precalienta el horno a 200ºC  con calor arriba y abajo. Mete ambas bandejas a la vez y cierra la puerta. Baja la temperatura a 180 y espera unos 7 minutos. Pero no te fíes de estos tiempos. Simplemente vigila y cuando veas que la masa sube y todo se dora, será el momento de apagar. Sacarlo todo del horno y dejarlo reposar unos 15 minutos antes de pasarlo a una bandeja y servirlo.

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DÉCIMO.- Si has seguido esta receta usando la harina de fuerza y la levadura, te tiene que salir bien, casi con seguridad. Pero si has optado por una masa menos hinchada y más crujiente (sin levadura y con harina normal), ten cuidado porque el exceso de cocción te puede dejar una masa dura como una piedra. En cuanto a los ingredientes de las coberturas… sí;  es una tentación añadir esto y lo otro. Pero te recomiendo que hagas más variedades distintas en vez de pizzas cargadisimas de ingredientes cuyos sabores se van a tapar entre ellos. H1602

COLIFLOR GRATINADA

INGREDIENTES: 1 coliflor, 150 grs bacon, 100 grs queso de gratinar, media cebolla pequeña, sal, salsa bechamel (600 cc leche, 60 grs harina, 30 grs mantequilla, 1 cucharada sopera de aceite de oliva virgen extra, pimienta negra molida, nuez moscada y sal).

PREVIO.- La coliflor proviene de Oriente Medio y en sus orígenes no se utilizaba como alimento sino como planta medicinal. He leído por ahí que fueron los romanos los primeros en cultivarla para consumo alimentario, si bien en España no se popularizo sino hasta el siglo XVIII.  Es floja de sabor y de muy potente aroma (para algunos, puro hedor), pero tiene un aporte vitamínico importante y un ínfimo aporte calórico. Desde siempre ha sido la pesadilla de los críos, pero si haces esta receta, verás cómo les gusta.

PRIMERO.- Procura escoger una buena coliflor en el mercado, que sea blanca, dura y compacta. Toma un cuchillo mediano y córtale el tallo hasta enrasarlo con la base de la coliflor. Ahora mete el cuchillo desde el borde exterior del tallo hacia el centro de éste procurando hacer un corte alrededor, de forma que cuando hayamos dado toda la vuelta, puedas tirar de él y que salga entero. Normalmente, se irán desprendiendo los diversos arbolitos que, unidos, conforman la coliflor. De no ser así, haz un corte ligero sobre el tronquito de cada árbol para que se separe.

SEGUNDO.- Pon los arbolitos en una olla (mitad agua y mitad leche) a hervir y añádele  un puñado de sal.  No hace falta que cubra la coliflor en absoluto. La leche es para paliar en la medida de lo posible el olor sulfuroso que desprende la cocción. Hay otros trucos y ninguno de ellos sirve enteramente. La leche mitiga parcialmente el problema, pero de ningún modo lo soluciona.
Si es cazuela u olla normal, déjala cocer unos 30 minutos, pero como no hay presión, puedes pinchar de vez en cuando en un tallo grueso para saber si ya está tierna. Si hablamos de olla express rápida, unos 4 minutos y listo.

TERCERO.- Abre la olla con todas las precauciones para no abrasarte con el vapor y escurre bien el líquido. Vuelca la coliflor sobre una fuente de horno y repártela por toda su superficie, partiendo algún arbolito si es necesario.

CUARTO.- Corta el bacon en trozos pequeños y ponlos a dorar a fuego lento sin aceite para que pierdan una parte importante de su grasa,  que retiraremos. Distribúyelo bien  por encima de la coliflor.

QUINTO.- En una sartén con dos cucharadas de aceite de oliva virgen extra echa media cebolla pequeña picada en trocitos. En cuanto se dore un poco, echa la harina de la bechamel para que se tueste un poco y sigue mis indicaciones que  tienes haciendo click aquí, pero con las cantidades que indico en ésta. Hoy día, los termo-robots de cocina hacen una bechamel muy resultona, así que si no hay prisa, a mano; y si no, pues recurre a los aparatos modernos, que para eso están.

SEXTO.- Una vez  hecha la bechamel, échala por toda la fuente sobre la coliflor y el bacon. Procura una distribución de la salsa lo más uniforme posible para que llegue a todas partes. Verás que la cantidad es la justa, pero si te gusta mayor cantidad, amplía proporcionalmente las dosis que aquí te doy y ya está.

SÉPTIMO.- Ya sólo queda poner el queso por encima y gratinar en el horno hasta que el queso haya fundido. Tal vez sea más estético que el queso se dore, pero la consistencia que toma entonces es dura, casi como de plástico y pierde sabor. A mí me gusta tomarlo cuando está fundente pero sin dorarse porque desprende un aroma impresionante.

Como verás, es un plato muy aparente aunque su contenido sea la humilde coliflor. Debido al queso y a la bechamel, ha dejado de ser comida de dieta, pero vale la pena probarla. H1602/R2110

SALMÓN EN ESCABECHE

INGREDIENTES: 1 salmón de 1,8 – 2 kg, 3 cebollas, 10 dientes de ajo, 4 hojas de laurel, 330 cc aceite de oliva virgen extra, 150 cc vinagre de jerez, 200 cc vinagre de manzana, 15 granos de pimienta negra,  1 cucharada de sal gruesa, 1 cucharada de pimentón murciano, perejil picado, tomillo, romero, 1 clavo.

PREVIO.- Creo que el escabeche lo trajeron a España los árabes allá por el siglo VIII, lo que significa que este sistema de marinado forma parte de nuestros sabores mediterráneos desde hace más de mil doscientos años y se ha utilizado tanto para carnes, como para aves y pescados porque es, además,  un modo de conservar los productos perecederos más tiempo. Si echáis un vistazo a las recetas del blog, veréis que hay unos cuantos escabeches distintos, y no es casualidad;  es que el aroma del vinagre me vuelve loco desde pequeñito y debe ser que ahora estoy dando rienda suelta a la afición.

PRIMERO.- Compra un salmón entero de unos dos kilos. Pídele al pescadero que le quite la espina central, escama, vísceras  y la piel. No obstante, tampoco es muy complicado si lo haces tú mismo, siempre que tengas un cuchillo adecuado y bien afilado. Hay otra serie de espinas que se alojan en la zona de la ventresca y en los laterales del lomo que también debemos retirar.

SEGUNDO.- Cuando ya tenemos los dos lomos limpios, aún habrá que quitarles una fila de espinas que van dentro del lomo. Pasa un par de dedos desde la cabeza hacia la cola y las notarás perfectamente. Usa unas pinzas apropiadas y saca esas espinas una a una. Nunca me he molestado en contarlas pero son unas ocho en cada lado.

TERCERO.-  Pela las cebollas y córtalas en juliana o e aros; da igual, pero que no sean cortes muy finos, sino más bien gruesos. Ponlo a rehogar con un tercio del aceite de oliva virgen extra y cuatro hojas de laurel en una cazuela de fondo amplio para que luego nos quepa el pescado. Fuego fuerte al principio y removiendo para que todo se impregne bien del aceite. Enseguida lo ponemos a medio gas removiendo de vez en cuando. No pretendemos que se tueste, sino que se cocine despacio.

CUARTO.- Añade los dientes de ajo pelados y enteros y echa ahora todas las especias menos el pimentón, es decir, el romero (no demasiado), los granos de pimienta, el tomillo, el clavo y el perejil. Si el romero y el tomillo los tuvieras en rama, mejor que mejor. Remueve y deja que las hierbas vayan aportando sus aromas a la cebolla y al aceite. Como decía antes, no dejes que se dore la cebolla porque la queremos tierna pero carnosa, así que cuando esté  blanda y transparente, podemos seguir con el aliño.

Echa ahora el resto del aceite de oliva. Esto lo hacemos para que no esté demasiado cocinado, sino más bien crudo y así pueda aportar sabor y aroma propios y naturales (no fritos).

QUINTO.- Mientras se hacen la cebolla y los ajos, puedes ir cortando el pescado en tacos no muy grandes. Mira la foto. Sálalos ligeramente por todos lados y reserva.

SEXTO.- La cebolla ya estará transparente y tierna, pero seguramente a los dientes de ajo les quede un poco todavía que terminarán de hacerse con la salsa.

SÉPTIMO.-  Echaremos  sobre el aceite una cucharada de pimentón dulce y removeremos bien para que se disuelvan los pequeños grumos que se forman. Y ahora, antes de que el pimentón se queme, agregaremos los dos tipos de vinagre y una cucharada de sal gruesa,  removiendo y dejando que cueza todo a fuego muy suave durante unos diez minutos.

OCTAVO.- Transcurrido el tiempo, apagamos el fuego y vamos echando las tajadas de salmón, procurando colocarlas bien y que estén cubiertas de salsa. Tapa la olla y déjalo enfriar hasta que puedas ya meterlo en la nevera, donde debería permanecer al menos una noche, aunque es mejor un día completo para que el marinado (escabeche) cocine el pescado. No es cuestión de temperatura, sino de curarse con el ácido.

Se puede tomar caliente aunque no lo recomiendo, porque los aromas son mucho más sutiles tomándolo  tibio o incluso frío. Casi con toda seguridad sobrará mucha salsa cuando se haya acabado el pescado. Si tu salud te lo permite, hazte con un buen trozo de pan para mojar en el escabeche porque te sabrá casi como el pescado. H1602/R2204

PIJOTAS FRITAS

RECETA EN REVISIÓN INGREDIENTES: Pijotas frescas, harina de garbanzo y harina de trigo, aceite de oliva muy suave o de girasol, sal.

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PREVIO.- En lo que se refiere a tallas, la pescadilla es a la merluza lo que la pijota a la pescadilla. Pero hay una diferencia importante y es que la pescadilla hace el papel de hermana pobre de la merluza y la pijota supera con creces a la pescadilla. En todo caso, cuestión de opiniones… y de nombres, porque la pijota es la pescadilla enana.

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PRIMERO.- Hay quien las prefiere muy pequeñas y hay quien -como yo- las prefieren algo más creciditas, porque para pescado menor ya tenemos los boquerones.

Para preparar las pijotas, lo primero es cortarle las espinas exteriores que tiene a lo largo de todo el lomo (dorsal), laterales detrás de la cabeza y entre el vientre y la cola. Para ello usa unas buenas tijeras de cocina.

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SEGUNDO.- El paso siguiente es limpiarlas y eviscerarlas bien. Corta el abdomen con las tijeras empezando desde la cabeza. Mete los dedos y sácale las tripas asegurándote de que la cavidad abdominal queda completamente vacía y lávalas bajo el grifo una a una.

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TERCERO.- Una vez limpias, toma la cola de cada una y métesela dentro de la boca cerrándola, presionando un poco para que los dientes la sujeten.

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CUARTO.- Haz una mezcla de harina de trigo y harina de garbanzo y échala en una bolsa de plástico. Ciérrala bien y agita para una mezcla más homogénea. Sécalas bien con papel de cocina, sálalas, incluso dentro de la cavidad abdominal y mételas de una en una en la harina.  Ponlas en un colador o cedazo y agítalo para que caiga el exceso de harina.

QUINTO.- Pon en una sartén aceite de oliva suave o de girasol en cantidad abundante de forma que, al menos, cubra por la mitad a cada pescado. Prefiero estos aceites para la fritura  porque no dejan sabor. Cuando esté bien caliente fríelas de una en una o de dos en dos como máximo para que la temperatura no se venga abajo ya que en vez de crujientes, quedarán blandas y muy aceitosas. Tendrás que darles la vuelta para que se doren bien por ambos lados.

SEXTO.- Cuando ya estén bien doradas, sácalas procurando escurrir muy bien el aceite y ponlas en una fuente sobre papel absorbente. Si no son muy grandes y están bien fritas, prueba a comerte la cabeza también… súper crujiente y sabrosa. H1602